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lunes, 13 de junio de 2011

El Proceso de Duelo según Elizabeth Kübler-Ross

Al vernos confrontados con una pérdida, pasamos por una serie de etapas conocidas como el “Proceso de Duelo”. Este proceso fue descrito por la  Dra. Elizabeth Kubler Ross. En él describió las diferentes fases por las que pasa una persona cuando atraviesa por una pérdida significativa en su vida. Este proceso es muy similar, ya sea una pérdida derivada de una enfermedad terminal, la muerte de un ser querido, lel divorcio o la pérdida de bienes materiales significativos. La magnitud de la reacción puede variar de persona a persona y de los elementos que tenga cada una para enfrentar las dificultades de la vida. Sin embargo, la pérdida de la propia vida o de algún ser muy amado, es la que genera las reacciones más intensas. Siguiendo estas etapas del duelo es como se creo creó el denominado Modelo Escalonado de Kubler Ross, el cual consiste en lo siguiente:

Fase de negación. La negación de una verdad desconcertante tiene una importante función protectora, es una defensa provisional que más tarde es sustituida por una aceptación parcial. Esta etapa, es especialmente fuerte cuando la gravedad del padecimiento o pérdida se informa de manera directa y con escasa sensibilidad o simpatía. La primera reacción de la persona puede ser un estado de conmoción temporal del que se recuperará gradualmente. Cuando la sensación empieza a desaparecer y consigue recuperarse, su respuesta habitual es: no, no puedo ser yo”. Es casi imposible reconocer que tenemos que afrontar la pérdida.

Fase de ira. La persona llega al conocimiento de que es a él a quien le toca vivir la pérdida y a nadie más. Se llena de sentimientos de irritación, envidia, amargura y siempre se pregunta ¿Por qué yo?. En estas circunstancias, el  rpofesional de apoyo debe hacerle entender, que efectivamente es cruel el tener que pasar por la pérdida  mientras otros continúan viviendo su vida normal y que por lo tanto, su reacción es profundamente comprensible. En contraste con la fase de negación, esta fase es muy difícil de afrontar para la familia y el personal y se debe a que la ira se desplaza en todas direcciones y se proyecta contra lo que les rodea, a veces casi al azar.

Fase de pacto o negociación. Esta tercera fase es menos conocida pero igualmente útil para la persona, en ella, ya no desea vivir largos años o conservar aquello permanentemente, sino que espera alcanzar a cumplir ciertos objetivos temporales (volver a ver un hijo, participar de una fiesta). Para ello, muchas veces está dispuesto a una serie de contraprestaciones: observación del tratamiento médico, rezos o asistencia a oficios religiosos, etc. Es importante que se identifique esta fase, para librar al individuo de sus temores irracionales de castigo si no cumple con lo prometido.

Fase de depresión. La persona reconoce que ya no puede seguir negando su enfermedad o su pérdida ni puede darle la vuelta al hecho. Su insensibilidad o estoicismo, su ira y su rabia, serán pronto sustituidos por una gran sensación de pérdida. Es una especie de luto anticipado, del que brota una buena disposición para asumir la propia muerte y morir sereno o para asumir que lo perdido no regresará jamás. Los profesionales pueden ayudarlo, brindando un marco adecuado para que el individuo resuelva problemas personales pendientes, como son: reconciliaciones, previsiones financieras, división de bienes o cuidado de sus hijos, etc.

Fase de aceptación. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una fase feliz. Casi siempre está desprovista de sentimientos, es como si el dolor hubiera desaparecido, la lucha hubiera terminado y llegara el momento del “descanso final antes del largo viaje”. Muchas personas se retraen lentamente del mundo que los rodea y aumenta su necesidad de descanso. A menudo muestran una singular expresión de serenidad y paz llena de dignidad humana.
Si una persona tuvo tiempo suficiente y se le ayudó en todas las fases anteriores, llegará a la aceptación de su pérdida o muerte, que ya no le deprimirá ni tampoco lo enojará. No es que se abandone a ella resignadamente sino que existe como una vaciedad de sentimientos donde se alcanza la tranquilidad, es el descanso final , que en el caso de los enfermos terminales es llamado “el descanso final antes del largo viaje”. En este punto se dan grandes momentos de silencio, pero es aquí donde algunas comunicaciones están más llenas de sentido, la comunicación pasa de verbal a no verbal.
La esperanza es lo único que generalmente persiste a lo largo de todas las fases anteriores, especialmente después de la etapa de negación.
La mayoría de las personas dejan abierta una posibilidad a la esperanza de reencontrar la felicidad o de una curación milagrosa. Es está chispa es la que los sostiene durante días, semanas o meses de sufrimiento.


Guadalupe Dominguez Mondragón
(extracto)

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